Margarito Duarte, padre de una "santa" espera por el Vaticano

Margarito Duarte espera en Roma que el Vaticano lo atienda y evalúe su caso, porque en una caja de madera guarda el cuerpo intacto y sin peso de su hija fallecida, considerada por quienes la han visto como una santa, después de una grave fiebre hace 33 años y desenterrada hace 22 debido a un cambio en la organización territorial en una aldea de Tolima- Colombia.

Hoy en día, casi nadie en el pueblo lo recuerda, pero hace 22 años en el Tolima, Margarito Duarte desenterró los huesos y los recuerdos del dolor de la muerte de dos de sus seres amados, su esposa, que murió al dar a luz y su hija que murió de fiebre siete años más tarde. La sorpresa fue que a diferencia de los demás habitantes de aquella aldea, que como el seguían un nuevo plan de ordenamiento territorial en el que el cementerio debía ser cambiado de lugar para construir una represa; Margarito encontró los restos de su hija intactos, con sus manos ella sostiene las rosas frescas con las que fue enterrada y sus ojos abiertos, según los testigos, eran diáfanos y causaban la impresión insoportable de que los veían desde la muerte.

Los coterráneos de Duarte se reunieron ante lo que ellos consideraban un “síntoma inequívoco de santidad” y recolectaron dinero para que él viajara a Roma para dar a conocer a su hija ante el Vaticano; pero por aquellos tiempos corría la década de los sesenta y el Papa Pio XII sufría de una terrible crisis de hipo y no pudo atenderlo; así que Duarte envió a la Secretaría de Estado un manuscrito de casi sesenta folios pero no obtuvo respuesta.

A fuerza, Duarte aprendió a hablar italiano, tuvo que vivir en la casa sin ley de una mujer que se hacía llamar María Bella, se llenó de gente que lo apoyaba y lo compadecía y fue conocido como el colombiano silencioso y triste que siempre cargaba una caja de madera con un “violonchelo”.

Después de algunos años de seguir creyendo en que “los santos viven en su tiempo propio” encontró a un experto en cine, Lakis, que creía que con la ayuda del maestro de argumento y guión Zavatti lograría hacer una película su historia, pero no fue viable, así como tampoco fueron viables las respuestas del Vaticano.

Del Papa Juan XXIII escucho “Dios permitirá tu perseverancia” pero no logró nada porque su papado no duró mucho, del Papa Juan Pablo I sólo conoció a uno de sus parientes que le prometió interceder por su causa e incluso recibió una llamada para una audiencia privada; pero días después se enteró que Pablo I había muerto en su cama días atrás.
Hoy, 22 años después Margarito Duarte dice “he esperado tanto que no puede faltar mucho más” mientras carga en su caja de madera a su hija, “la santa” no reconocida; pero el Vaticano aún no se interesa por su causa.
Gabriella Eraso V

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